Como decíamos ayer (jojojo), una de las características peculiares de la industria musical japonesa son los contratos de sincronización o tie-ins, que por cierto, los artistas “ceden” esos derechos y no obtienen ningún beneficio. Pero, según la guía, también lo es la clonación, no científica sino artística, solo hay que ver el clon que le han buscado a Bisbal y, en general, la adaptación a los gustos japoneses. 

Es decir, que aunque en la portada de un disco mundial aparezca el cantante haciendo muecas, si en Japón no gusta, tiene que ser diferente. Y no solo eso, se traducen las letras (totalmente lógico, ya podían hacerlo aquí también), se añaden temas adicionales, se cambian los folletos del cd, se añaden biografías y fotografías… Yo quiero ser japonés.

En cuanto a las características legales, según la guía, la inversiones extranjeras dejaron de estar reguladas en 1992. Eso significa que los productos de importación varían entre un uno y un dos por ciento, tasas muy bajas en comparación con Europa. Sin embargo, existen otras leyes. La primera, de junio de 2004, regula las producciones de China, Taiwán y Corea. Cuestión de competitividad. Como los discos importados son más baratos y hay muchos artistas asiáticos conocidos en Japón, hacemos una ley. En teoría no afecta a Europa.

La Ley Saihan, qué nombre más bonito, promulgada en 1953 obliga a mantener el mismo precio de salida al menos dos años en todo lo relacionado con el mundo del ocio y la cultura. La música también. Tienes sus pros y sus contras que no voy a mencionar porque de economía no entiendo ni el huevo. En 1997, subieron los impuestos de un tres a un cinco por ciento. En teoría iba a ser temporal, pero aún se mantiene.

Vamos con otro tipo de dificultades más prosaicas. La primera, el idioma. Obvio. Aunque aquí encuentro una paradoja. En teoría les cuesta aprender otros idiomas y su nivel de inglés, por ejemplo, es bajo (guía dixit), pero les encanta meter palabras y frases en inglés en sus canciones, a veces sin ningún sentido. Que me lo expliquen.

La segunda, el proteccionismo. Los japoneses prefieren a sus artistas que a los extranjeros. Pero no por los motivos que todo el mundo piensa, sino por comodidad. Vamos, que es difícil que un artista europeo consiga el suficiente éxito como para acudir allí, excepto Bisbal (jojojo) y si no es conocido, no tiene sentido que vaya allí, por tanto no tiene éxito. Cosas que pasan.

Lo interesante de la guía termina aquí. Ahora un dato interesante. Las súperventas de música europea en 2003 en Japón… (Agarraos).

1. Radiohead. Hail to the Thief.

2. Sarah Brightman. Harem.

3. Donots. Amplify the Good Times.

4. Enya. Best of.

5. Blur. Think Tank.

6. Craig David. Slicker than your average.

7. Las Ketchup. Las Ketchup. (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡)

8. Ace of Base. Da Cappo.

9. Mando Diao. Bring Em In

10. Pleymo. Rock.

Y fin. La guía tiene un anexo lleno de contactos de la industria musical japonesa alucinante y a la Jimusho, Johnnys Entertainment o como queráis llamarle, ni los menciona. Lo mismo que al fenómeno de los singles, que a mí me sigue pareciendo fascinante.

Así que, si queréis ser cantantes (famosos) en Japón, tened en cuenta que es… difícil :).