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Advertencia: posibles destripes o spoilers.

Como dice Makoto (Nagase Tomoya), Ikebukuro es lo mejor. En este caso, el drama, Ikebukuro West Gate Park, también. No solo es un homenaje al barrio de Ikebukuro de Tokio, del que dicen que está lleno de bandas y de delincuencia, aunque a mí me ha parecido un barrio obrero como cualquier otro de cualquier ciudad, sino a toda la gente diferente que vive en él.

Vale, quizá no sea un barrio como cualquier otro, tiene sus particularidades y quizá sea eso lo que hace especial al drama. El argumento puede parecer complejo por la cantidad de personajes que aparecen pero, en el fondo, es muy sencillo. Es la vida. De un grupo determinado de personas que viven en un barrio diferente bajo unas circunstancias concretas. Pero es la vida.

Lo que más me gusta de este drama es la naturalidad, casi absurda, con la que tratan todos los temas. El amor, el sexo, los pervertidos, las putas, los putos, los yakuza, las bandas, los asesinatos, los policías corruptos, la fruta, los frikis, los niños, las mujeres, los hombres, los jóvenes, Ikebukuro, el búho, el padre de Takashi, Takashi…

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Makoto es un tío de veinte años con una madre muy salida, tierna y un poco histérica, una amiga de la infancia prostituta y un amigo igual de vago y de delincuente “light” que él. El policía veterano está colado por su madre y el típico policía japonés de la caseta colado por su amiga. A Makoto todo le parece un coñazo. Por el barrio hay una banda cuyo jefe, Takashi (Kubozuka Yosuke) está completamente ido. Un día, su amigo y él conocen a una chaval dibujante, Shun (Yamashita Tomohisa) y a dos chiquillas con las que empiezan a salir. Una de ellas muere asesinada al final del primer capítulo. Y es entonces cuando aparecer el nuevo jefe de policía, Watanabe Ken.

Éste es a grandes trazos muy mal dibujados el primer capítulo. Después, Makoto se convierte en una especie de héroe trágico del barrio, hilarante eso sí, y en cada capítulo se añaden nuevos personajes. A medida que escribo me doy cuenta de que no soy capaz de transmitir por qué es tan bueno este drama. Así que lo intentaré de otro modo.

El asesinato de la chica del primer capítulo es la trama principal. Desde el segundo capítulo hasta el séptimo, esa trama queda un poco en segundo plano y el drama es más de cachondeo que otra cosa. A partir del octavo hasta el final, es el desenlace más emotivo, emocionante y… fantástico que he visto en un drama.

IWGP no te deja respirar, no permite que te despistes porque no deja de enviar mensajes al cerebro. Ya no solo visualmente, con continuos movimientos de cámaras y artificios visuales, sino emocionalmente. La trama es capaz de pasar de la acción más sangrienta a ser hilarante en una milésima de segundo. Y no da la sensación de que es superficial. Simplemente es natural.

En mi opinión, es el mejor drama que ha interpretado Nagase Tomoya. Ese histrionismo que tanto critiqué en My Boss My Hero aquí no está. Y no es que esté contenido, es que actúa de forma natural. Lo mismo se puede decir del resto. Fabulosos. Sobre todo Watanabe Ken y Kubozuka Yosuke.

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Creo que es la peor reseña que he escrito de un drama. Pero me resulta muy difícil expresar lo bueno que es sin utilizar adjetivos como fantástico, fabuloso y etcétera. Siempre es más fácil hablar de lo malo. Este drama me ha hecho reír, muchísimo y es el primero que me ha hecho llorar como una niña viendo cómo un tío le pegaba una paliza a otro.

Para terminar, una pequeña teoría. Creo que toda la ridiculización que hace el drama de la sociedad es un mensaje muy sutil pero muy bien colocado. Y a mí me encanta lo sutil.