almohada Traducir no consiste solo en buscar el significado de una palabra si no se conoce y comenzar un proceso automático que no tiene ningún sentido. También hay que interpretar. Hay que saber captar el significado de la obra, se trate de lo que se trate: un libro, una película, un drama. Como toda obra de arte tiene un alma, solo alguien que sepa comprenderla será capaz de plasmar casi con la misma exactitud lo que el autor quería decir cuando escribió la obra original.

El libro de la almohada de Sei Shonagon es un claro ejemplo de traducción bien interpretada. Pero claro, estamos hablando de Jorge Luis Borges, un lujo de traductor.

Como todo el mundo puede imaginar, un libro de almohada es un diario. Sin embargo, no es nada parecido a lo que estamos acostumbrados. Sei Shonagon era una dama de honor de la emperatriz de la corte del siglo X. Por tanto, en su diario habla con relativa frecuencia del emperador, de la emperatriz, de la corte, de los festivales. También es una fantástica narradora de anécdotas. Pero quizá lo que a mí personalmente más me ha llamado la atención han sido sus enumeraciones: sus cosas odiosas, cosas que emocionan, cosas encantadoras, cosas que no pueden compararse… y un gran surtido más.

Si bien es cierto que el Genji Monogatari de Murasaki Shikibu también es una burbuja que te traslada al siglo X japonés, se encuentra más restringido a la historia que Murasaki contó y es más difícil disfrutar de las descripciones. Teniendo en cuenta todas las diferencias y aceptando que el Genji Monogatari es una obra importantísima de la literatura universal, el libro de Sei Shonagon es un perfecto aperitivo o, si queréis, un postre de solo 160 páginas.