
Un timador encarcelado (Nagase Tomoya) recibe del mismísimo primer ministro japonés la orden de incorporarse a un departamento de los servicios secretos que se encarga de minimizar y neutralizar la amenaza terrorista en el país. La habilidad del timador consiste en adaptar su personalidad a lo que la gente desea con la ayuda de un colgante con forma de cruz (¿?). En el primer capítulo utiliza ese don en numerosas ocasiones en lo que podría llamarse “Speed en Tokio sin Keanu ni Sandra, pero con Tomoya y Kyoko“.
Hay varias cosas que me han llamado la atención. La primera, la cantidad de dramas que vienen, o están por venir, relacionados con el terrorismo y las formas varias de luchar contra él. Karei naru spy es una comedia y es más llevadera, ¿pero de verdad es un tema tan interesante como para que haya tantos dramas? La segunda, que no tiene nada que ver con la primera, es la estética sesentera del drama. Sobre todo es muy evidente en el vestuario de los actores y, sobre todo, en el de Fukada Kyoko que parece un maniquí. Tercero, el homenaje que supone la primera media hora a todas las series de televisión y películas de espías, con zapatófono incluido.
Lo que no me ha gustado tanto es que, salvo los casos, no le veo un hilo argumental consistente. Tampoco me gusta que a Nagase le hayan encasillado de nuevo en el papel de gracioso y gesticulador excesivo. Tampoco me gusta Fukada como actriz. El primer caso tampoco me ha parecido gran cosa. Cuánto tampoco. Y sin embargo, como en la primera media hora me reí bastante con el Superagente 86 japonés, creo que le voy a dar una oportunidad.



